Cerebros adolescentes

La adolescencia es un periodo de transición en le que se ha dejado de ser niño pero todavía no se es adulto y en el que se experimentan cambios biológicos y psicológicos muy importantes a la vez que un alto nivel de incertidumbre.

Muchos adolescentes presentan patrones de sueños alterados (se duermen a las 4:00 a.m y se levantan a las 2:00 p.m), inestabilidad emocional (presentan agresión, depresión, y/o pasividad), cuestionan y desafían las reglas sociales y ingüistícas, además de involucrarse en conductas de alto riesgo sin evaluar las consecuencias. Probablemente usted se preguntará: ¿Qué sucede en su cerebro?
Actualmente sabemos que el cerebro humano no está totalmente formado en el momento del nacimiento. Se moldea y conecta a lo largo de la vida y el crecimiento más intenso se produce durante dos periodos: la infancia y la adolescencia.
Los niños nacen con muchas más neuronas de las que el cerebro puede conservar y a través de un proceso conocido como poda neuronal, el cerebro pierde las conexiones neuronales menos utilizadas y ofrman conexiones en los circuitos sinápticos que han sido más utilizados. Las implicaciones de estos hallazgos son que las experiencias y actividades que realizamos durante este periodo pueden tener implicaciones en cómo queda conectado nuestro cerebro para toda la vida.
En el cerebro, primero maduran las áreas posteriores. Éstas se encargan de recibir y procesar información sensorial, mientras  que la última parte del cerebro en desarrollarse es la corteza prefrontal.
Esta región cerebral está encargada de planear y secuenciar conductas y controlar e inhibir impulsos y emociones. La maduración cerebral termina después de los 20.


Además de los cambios neuronales, el adolescente experimenta importantes cambios a nivel hormonal. Las hormonas tienen un efecto activador que  va a modular  no sólo el cuerpo, sino el funcionamiento cerebral.
La testosterona, hormona masculina, interviene en la líbido sexual y se ha asociado con rasgos de agresión, competitividad y toma de riesgo.
Otra línea de investigación ha señalado que acciones como caminar en pretil de un puente de mucha altura o conducir un coche a  gran velocidad sobreestimulan sistemas dopaminérgicos del cerebro adolescente produciendo mucho más placer que en el cerebro de los adultos.
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2 comentarios... por ahora

Anonymous

jajajaja

TU PRIMA

jajajajajajaja


el unico comentario y es de marina

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