El síndrome de Hubris: Perdiendo el control

"El poder afecta de una manera cierta y definida a todos los que lo ejercen", escribió Ernest Hemingway, sorprendido de que tantas personas perdieran el contacto con la realidad tras alcanzar un puesto de autoridad. Como si estuvieran incubando una enfermedad, sufrían curiosos síntoma, que iban desde la necesidad de recibir halagos hasta la sensación de sentirse elegidos para llevar a cabo una misión trascendental y acabar sintiéndose por encima del bien y del mal.

Pero si realmente el poder es una enfermedad, ¿Qué agente infeccioso lo causa? La respuesta es: el Hubris. Fueron los griegos quienes acuñaron este término, con el que designaban la falta más grande que podían cometer los héroes: creerse superior al resto de los mortales. El Hubris (palabra derivada del término heleno hibris) es el ego desmedido, la sensación de poseer dones especiales que le hacen a uno capaz de enfrentarse a los mismos dioses.

Por supuesto la mitología está plagada de personajes que son víctimas de su soberbia, como Aquiles, que encolerizó a los dioses al desobedecer su prohibición de ultrajar el cadáver de Héctor; e Ícaro, quien gracias a unas alas fabricadas con plumas y cera creyó que podía volar tan alto como los dioses y llegar al Olimpo. Pero la arrogancia de ambos fue castigada.

Aquiles murió a manos de Paris, el hermano de Héctor; y el Sol derritió la cera de las alas de Ícaro, de modo que el altivo joven cayó al mar, en cuyas aguas desapareció para siempre. Porque tras la subida del Hubris siempre viene la némesis, que es como los griegos llamaban a la desgracia con la que los dioses castigaban la arrogancia de ciertos humanos.

Si bien el Hubris era un concepto que involucraba aspectos de carácter moral, los atenienses acabaron incorporándolo a su código legal, lo que le dio un matiz más práctico y lo definió, tal y como lo ha explicado el historiador Enrique Suárez Retuerta, como: "La violencia ebria que los poderosos ejercían contra los débiles y la arrogancia grosera de quienes ostentan el poder".

El Hubris es el orgullo desmedido, la megalomanía. Y la némesis es la fatal consecuencia de haber perdido el piso de esa manera.
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2 comentarios... por ahora

Armando

¡Qué esperas, vete a wordpress! jajajaja A blogger entre menos burros, más olotes :-)

jorge

ahora podemos diagnosticar a hugo chavez

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